lunes, 6 de julio de 2009

Estrés Estudiantil

Nuevamente Julio, nuevamente llegan los exámenes finales. Pisando los primeros días del mes de Julio, ya se comienza a notar en los estudiantes universitarios, cierto grado de estrés que perjudica el rendimiento de los mismos frente al examen oral o escrito y alteran su rendimiento académico.

A nivel visible el estrés puede aparecer mediante diferentes manifestaciones, las señales más frecuentes de estrés son:

  • Emociones: ansiedad, irritabilidad, miedo, fluctuación del ánimo, confusión o turbación.
  • Pensamientos: excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos, preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos, excesivo temor al fracaso.
  • Conductas: tartamudez u otras dificultades del habla, llantos, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas (bruxismo); aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; mayor predisposición a accidentes; aumento o disminución del apetito.
  • Cambios físicos: músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes e infecciones, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca.

Tales presuncioness han sido confirmadas en un estudio hecho por investigadores de la Universidad Nacional de Buenos Aires, que examinaron a más de cien alumnos antes y después de dar examen, y constataron desordenes inmunitarios, alteraciones del metabolismo y cardiovasculares. Uno de los efectos más paradójicos es que la situación de examen puede perjudicar la memoria, ya que la hormona del estrés, si se produce en exceso, ataca a un centro cerebral que es sede de esa función. El estudio tiene, por una parte, repercusiones concretas: por ejemplo, los estudiantes más susceptibles debieran cuidarse de rendir varios exámenes seguidos o con poco intervalo entre ellos. Pero, además y desde luego, suscita la pregunta de si no debieran cambiarse los actuales sistemas de evaluación, que así resultan, literalmente, dañinos.

En relación con la identificación de los factores que contribuyen a la aparición de este cuadro es importante señalar que no existen manifestaciones estandarizadas entre las diversas personas que padecen esta condición. Los eventos externos son generadores de estrés, pero no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que pueden "acumularse" en sus efectos hasta que se llega al límite. La manera en que interpretamos y pensamos acerca de lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés. De manera que con frecuencia es nuestra interpretación lo que genera una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación a la que nos enfrentamos.

Nuestra reacción a las situaciones del entorno, está también afectada por nuestro nivel general de salud y bienestar. Una persona que está siempre agobiada, que duerme poco y no come de manera equilibrada, probablemente

disponga de menos recursos para afrontar situaciones difíciles. La clave está en que logremos equilibrar descanso, alimentación, ejercicio físico, trabajo-estudio y ocio.

El estrés es una parte cotidiana de la vida y la cantidad de tensión que cada persona es capaz de tolerar es diferente, y además varía según el momento de la vida, las circunstancias personales, laborales o familiares. Durante los años de universidad las principales circunstancias que contribuyen al estrés suelen estar relacionadas con: dejar tu casa, tener que viajar diariamente muchos kilómetros, hacerte cargo de tu economía, compartir departamento o bien vivir sólo a la vez que atender las responsabilidades académicas, las clases y las relaciones personales. A esto hay que sumarle a veces los eventos positivos, como enamorarte o preparar un viaje de estudios, que aunque agradables también nos agregan cierta tensión. Ante estas situaciones es cuando más nos cuesta distendernos o tomar distancia de ellos.

Las estrategias para afrontar el estrés buscan prevenir o controlar los excesos en las demandas procedentes del entorno o bien de nosotros mismos. En los casos en que la situación que nos genera estrés es inevitable, como un examen o una lesión, el desafío consiste en hacer frente a la situación de la manera más saludable posible, lo cual incluye no seguir haciendo aquello que sabemos, por el pasado, que no nos ha dado resultado.